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¿Qué es un chacarero?

Por Eduardo Sartelli *

Pregunta importante en la historiografía de la agricultura argentina, la naturaleza del chacarero pampeano está hoy de nuevo sobre la mesa. De su respuesta dependen las características de la estructura agraria, así como el grado de desarrollo de la sociedad argentina y, por lo tanto, la viabilidad de los programas políticos, desde los más conservadores hasta los que se postulan revolucionarios. La “cuestión agraria” constituyó uno de los debates más acalorados de los años ’70, impulso que se fue agotando en las décadas siguientes.

Las definiciones que victimizan al chacarero enfatizan su incapacidad para acumular capital, por culpa de terratenientes omnipotentes, parasitarios y absentistas, que lo reducen casi a un siervo medieval. Estas posiciones han sido compartidas por un amplio espectro político: en el peronismo (Horacio Giberti), en el radicalismo (Aldo Ferrer) e incluso en la izquierda maoísta (Azcuy Ameghino). Todas caen en la misma conclusión: hace falta una reforma agraria para instalar el capitalismo en el campo.

Las que ubican al chacarero como un pequeño burgués avanzan en el conocimiento de la realidad, al utilizar una categoría que corresponde al desarrollo capitalista, de la Argentina en general y de la región pampeana en particular. No obstante, sus defensores suelen utilizar una retórica pre-kautskiana, defendiendo las virtudes productivas y sociales de la pequeña propiedad. Tanto las primeras como las segundas tienen la misma concepción del desarrollo económico de la Argentina: la gran producción es negativa, no representa un avance de las fuerzas productivas sino el estancamiento y el atraso. La realidad actual de la Argentina desmiente palmariamente estas afirmaciones. La del resto del mundo, también. Otra discusión es la forma en que los resultados económicos y humanos de la producción social se distribuyen, pero en el capitalismo es así y al que no le gusta, debiera ir pensando en otro tipo de sociedad.

En realidad, el chacarero nunca ha sido un “pequeño productor”. Ya en 1912, en épocas del Grito de Alcorta, la producción triguera y maicera, en su mayoría, se realizaba en explotaciones que superaban las 200 y 300 hectáreas. Es decir, bajo relaciones claramente capitalistas. Dicho de otro modo, el núcleo de los chacareros era burgués. Precisamente, durante la década que sigue a Alcorta serán expulsados del agro capas importantes de pequeña burguesía (menos de 150 hectáreas). Es decir, explotaciones en las cuales hay una presencia importante de mano de obra familiar. Investigaciones propias me permitieron calcular que incluso en ese horizonte el mayor porcentaje de la producción de valor estaba en manos de los asalariados contratados para la cosecha. Dicho de otra manera: los chacareros más pequeños, ya en aquella época, eran explotadores de fuerza de trabajo. ¿Qué fue, entonces, el chacarero? El nombre de fantasía que tomó la alianza de la pequeña burguesía y la burguesía agrarias al momento de movilizarse exigiendo la reducción de los arrendamientos.

Pasada la crisis, hacia 1920, el mundo chacarero es dominado por la fracción burguesa de la alianza, dirigida, desde la Federación Agraria Argentina, por Esteban Piacenza, un simpatizante del fascismo italiano. Para el que se imagina que la FAA es la “izquierda” del campo y que toda relación con la Sociedad Rural es extraña, habría que recordarle que el chacarero pampeano también tuvo en su momento simpatías por la Liga Patriótica y que, en 1928, se unió a los “oligarcas” para pedirle a Yrigoyen el envío de tropas a fin de sofocar la huelga de peones de cosecha. También habría que recordar que en Gualeguaychú se produjo una de las más encarnizadas batallas, de las varias que protagonizó la Liga contra la clase obrera rural durante el primer gobierno radical, con muertos, heridos y apaleados.

Hoy día, cuando un “chacarero” propietario de 100 hectáreas en el sur de Santa Fe tiene un capital, sólo en tierra, superior al millón de dólares, vale la pena cuestionarse acerca de la “pequeñez” de quienes viven del trabajo ajeno, es decir, del peón rural, el peor pago de la Argentina, y del derecho que los asiste a la riqueza social.

* Docente de la UBA y la Universidad de La Plata, director del Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales.

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1 comentario

Ariel Scoccia -

No soy especialista en temas laborales, pero hay ciertas “retenciones” de las que no se habla. Los “ruralistas” se quejan de las “retenciones abusivas e inconstitucionales” del 44 por ciento. Pero pensemos lo siguiente: había, a abril de 2008, casi 900.000 trabajadores rurales en negro, a los que se les está “reteniendo” (porque no se lo pagan ni a los trabajadores ni al Estado):

El 1,5 por ciento que debe ser destinado al Renatre.

La bonificación por antigüedad (1 por ciento sobre el salario bruto para trabajadores rurales).

El sueldo anual complementario (8,33 por ciento).

El 16 por ciento que deberían destinar a la jubilación como aporte patronal, más el 11 por ciento que deberían retener de la remuneración, también con el mismo destino.

El 3 por ciento que deberían destinar a la obra social (aporte patronal), más el 3 por ciento que deberían retener de los haberes.

El 3 por ciento para el PAMI.

El 1,5 por ciento para el fondo de sepelio de trabajadores rurales

Y podríamos seguir (Fondo Nacional de Desempleo, ART u otros conceptos que seguirían incrementando las “retenciones” de los “empleadores”).

Estamos hablando de una apropiación de más del 48 por ciento: importes que pertenecen por derecho al trabajador y que, por estar “en negro”... no los ve jamás. ¿Y los caraduras de los “productores rurales” (aclaro que no meto a todos en la misma bolsa, sólo hago referencia a los que explotan a sus empleados) se quejan de un 44 por ciento de retención sobre los montos facturados?

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